MAYO · JUNIO · JULIO

20 de julio de 2017

Tengo la sensación de que hoy me paso por aquí para volver a desaparecer de inmediato. No os creáis, será por un buen motivo, y es que mañana POR FIN cojo vacaciones y, aunque el viaje que empezó a gestarse hace tanto tiempo aún tendrá que esperar unos días, presiento que la semana se me va a pasar volando entre gestiones (¿iré este año por fin a buscar el título universitario?), hacer limpieza, estudiar Croacia de arriba abajo y... Vale, ya dejo de engañarme, no haré la mitad de las cosas, pero nunca pierdo la esperanza.

Estos tres meses han dado mucho de sí. Han sido meses de cambios, de adaptarse a nuevas rutinas, de dar pasitos adelante, pasitos importantes :) Y todas estas cosas que me están haciendo tan feliz y me están colmando de ilusión también me consumen el poco tiempo libre que me queda. Pero bueno, nadie me quita esos ratitos en metro y esos descansos acompañada de un buen café y un libro que me dan la vida y me alejan un poquito de las teclas. Intentar hablaros de todos los libros que he leído últimamente sería como escribir tres entradas kilométricas, así que voy a intentar haceros un resumen con lo mejor de lo mejor. Hay algunos que se han ganado a pulso estar en el blog.

¡Piratas!, de Laura Esparza

Admito que en cuanto vi que Laura Esparza publicaba en mayo nueva novela la puse inmediatamente en mi lista sin ni siquiera leer la sinopsis. Me daba igual de qué tratara; cuando leí A contrarreloj, su primera novela, me quedé con ganas de más, así que estaba segura de que esta la iba a disfrutar y no me defraudó lo más mínimo. Leer ¡Piratas! es como estar viendo una peli de piratas de las de antes, una historia llena de aventuras, con personajes que te conquistan desde el principio (tanto los principales como los secundarios), con sus puntos de humor, con alguna que otra sorpresa que yo personalmente no me esperaba. Es de esas novelas que no puedes parar de leer, y yo me metí tantísimo en la historia que, ya en los primeros capítulos, leyendo en el metro me pasé de parada (la cara de tonta que se me quedó...). Además, debo remarcar que el texto es de una calidad soberbia, y, ¡eh!, es autopublicada ;) Apenas conté errores. Más de una editorial debería tomar nota, porque encontrar novelas tan cuidadas da gusto (cuando debería ser lo normal).



La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

¿Sabéis esa sensación de llevar un par de capítulos de un libro y pensar: «¿Qué he hecho toda mi vida sin leer nunca a este autor/esta autora?». Eso es lo que me pasó con Rosa Montero, me conquistó desde la primera página (¡gracias, Mónica!). Además, esta novela en concreto es interesantísima. Si sois curios@s, seguro que os gustará. En La ridícula idea de no volver a verte, la autora nos habla de la vida de Marie Curie, pero lo que más me ha gustado es que no solo nos habla de la científica —a quien todos más o menos conocemos—, sino también de la mujer. Y es que la idea para escribir esta novela surgió a raíz del diario que escribió Marie cuando falleció su marido Pierre. A través de sus palabras, Rosa Montero reflexiona, mantiene una conversación de tú a tú con el lector en la que toca temas como el dolor, la pérdida y el duelo basándose en su propia experiencia (la autora perdió a su marido tres años antes de escribir esta novela), y la situación de la mujer entonces y ahora. Una vida y una mujer fascinantes e interesantísimas, y una lectura y una autora increíbles. Os puedo asegurar que no es lo único que leeré de Rosa Montero.


Media vida, de Care Santos

Llevo leyendo a Care Santos desde que era muy jovencita, cuando empecé a leer algunas de sus novelas juveniles, que formaban parte de las colecciones que veía en el catálogo del Círculo de Lectores y le pedía a mi madre, y seguí de adulta cuando me llamó la atención Deseo de chocolate y se convirtió en una de mis autoras de cabecera. Reconozco que he tardado más de lo que quisiera en leer Media vida, pero ha sido de esas novelas que han llegado en el momento justo. Esta novela es la historia de cinco mujeres totalmente diferentes que crecieron durante la posguerra y que han llevado vidas absolutamente dispares. No todas tenían la misma mentalidad, y en cierto modo esto, su personalidad y las cartas que les han tocado determinarán su desarrollo y la vida que elegirán (o les tocará) vivir. Para mí fue una lectura absorbente, nada más adentrarme en las historias de Julia, Nina, Olga, Marta y Lola no pude parar de leer hasta llegar a ese reencuentro que se produce 31 años después, hasta descubrir qué ha sido exactamente de todas ellas en ese lapso de tiempo. Me atrevo a recomendárosla si queréis probar con la autora; esta ha sido, sin duda, la novela que más me ha gustado de Care Santos hasta la fecha.



El año sin verano, de Carlos del Amor

Justo ayer terminé esta novela, lo primero que leo de Carlos del Amor, y va directa a recomendaciones. Fue verla en la librería hace unas semanas y comprarla en un impulso. Solo necesité las buenas opiniones de dos personas en las que confío muchísimo (una es Lidia y la otra es M. Ángeles —aquí tenéis la reseña que hizo en su blog, «Una bloguera eventual»—), así que hace un par de días, con ganas de leer algo distinto, me decidí por ella y la empecé sin siquiera leer la sinopsis para refrescar la memoria. Cómo me gusta adentrarme así en una novela, sin saber lo que me voy a encontrar, sin expectativas, sin montarme el argumento en mi cabeza. Solo os diré que me ha encantado la manera en que está escrita, tanto por el estilo como por esa alternancia entre pasado y presente y esa manera de moverse entre realidad y ficción. Tengo la sensación de que al decir algo más os la destriparía.




Cuatro novelas de quince. Lecturas buenas y agradables ha habido bastantes más, pero estas eran las que no quería dejar fuera del blog, así que creo que puedo considerarlo un balance bastante positivo. Espero que en los próximos meses haya muchas como estas. Sin duda tengo una lista prometedora y unas cuantas ya me están esperando en la estantería, así que todo será cuestión de intentar olvidarme un poco de tanta novedad y de seguir ampliando horizontes (challenge accepted!).

Volveremos a leernos muy pronto, I promise. Aunque esté un poco perdida seguiré pasándome por aquí cuando sienta que por fin tengo algo que decir o cuando tenga ganas de contaros cualquier cosa. No os sorprendáis del rumbo que va a tomar el blog a partir de ahora, es solo que poco a poco lo iré haciendo más mío y en él hablaré de cualquier cosa que se me pase por la cabeza o que me apasione. Mientras tanto, os deseo que disfrutéis del verano, de vuestras vacaciones, de las lecturas, del tiempo libre, de la familia, de una cervecita fresquita en una terraza con los amigos manteniendo conversaciones interesantes o absurdas (según se tercie), de la playa o la montaña, de ese viaje que seguro que os habéis ganado. ¡Disfrutad! Que seguiremos leyéndonos a la vuelta.

¡Mua!

¿Y tú por qué te apuntaste a la carrera?

13 de junio de 2017


Hoy, de camino a casa, venía leyendo la última novela de Xavier Bosch, Nosotros dos. Así a grandes rasgos, la historia trata sobre la relación de amistad entre un chico y una chica desde que se conocen en la universidad hasta la edad adulta. La verdad es que la idea me atrajo mucho y, además, me encanta la frase que encabeza la sinopsis: «¿Es posible la amistad entre un hombre y una mujer?». ¡Yo soy firme defensora de que sí, claro que es posible! Y espero que esta sea una de esas historias que lo reflejan, aunque llevo muy poquito como para haberlo descubierto a estas alturas.

Pero mejor voy a lo que me ha hecho abrir el blog para escribir después de... ¿un mes, un mes y medio?, que como siempre me voy por las ramas... Iba yo enfrascada en la lectura, me había teletransportado por completo a la Barcelona del año 1983, cuando de repente descubro —y qué sorpresa más agradable me he llevado— que Kim y Laura, los protagonistas de la novela, estudiaban Traducción e Interpretación en la Universitat Autònoma. [Siempre me hace especial ilusión cuando encuentro referencias a la figura del traductor o del intérprete en una novela porque creo que no es algo muy habitual. Del que más me acuerdo es de Luca, porque #TranslatorsAreSexy, todo el mundo lo sabe, sobre todo cuando nos pasamos dos días seguidos en pijama y vagando del despacho al lavabo, del despacho a la cocina...] Cuando Kim y Laura empiezan a conocerse, se preguntan mutuamente por qué han elegido estudiar esta carrera, a lo que Laura responde:

—Lo tenía claro desde segundo de BUP. Me encantan los idiomas... Inglés, francés, italiano... Tengo facilidad para ellos. ¿Y sabes por qué me matriculé? Pensé que siendo intérprete tienes que conocer forzosamente a gente interesante y seguro que aprendes muchas cosas. También pensé que me gustaría ser periodista. Me encantaría dar voz a quienes no la tienen. Y con la interpretación pasa un poco lo mismo. El lunes hablas de filosofía, el martes de política, el jueves de genética y otro día eres el intérprete de Anthony Minghella cuando le hacen una entrevista en la radio porque estrena una película. Cada día es distinto.

E inevitablemente me he puesto a pensar en lo que me llevó a mí a estudiar Traducción e Interpretación hace ya 10 años, cuando casi me metí en Filología Inglesa porque, como decía Laura, me encantan los idiomas y tengo facilidad para ellos. Todo fue gracias a mi profesora de Francés, con la que había muy buen rollo. Un día me contó que ella tenía las dos licenciaturas, y al hablarme de esta otra posibilidad... lo vi claro. Aquello encajaba más conmigo. Pero lo que me hizo decidirme del todo fue a lo que podría dedicarme en el futuro, y es que yo me apunté a la carrera porque quería traducir novelas. Punto. No quería hacer nada más, lo tenía claro como el agua. Me fascinaba la idea de que, tras pasar un texto por mis manos, otras personas que no hablaban el idioma en el que estaba escrito pudieran disfrutar de la historia que se escondía en él. ¿No os parece una profesión la mar de bonita? ♥♥♥ Al final pasó lo que pasó, que al terminar la carrera me decanté por algo totalmente distinto (¿a cuánt@s os ha pasado esto?), pero si descubrí la traducción audiovisual y me picó el gusanillo fue gracias a aquello que me llevó hasta donde estaba cuatro año atrás. Me parece curioso cómo los libros llegaron a condicionar una decisión tan importante, que al fin y al cabo ellos fueran uno de los motivos por los que actualmente hago lo que hago. A día de hoy no he traducido ninguna novela (y a estas alturas no creo que lo haga), pero sin duda consigo aprender cosas nuevas cada día, y como decía Laura, cada día es distinto, cada día es interesante, y eso me resulta tremendamente enriquecedor.

No puedo más que cerrar esta entrada con un fragmento que leí hace un tiempo y que en muchas frases ha sido y sigue siendo como mirarse al espejo. Es de Antonio Muñoz Molina, y se encuentra en su novela Como la sombra que se va.

Mi hijo me cuenta cosas sobre su trabajo. Traduce subtítulos para documentales y películas de ficción. Hay temporadas en las que le llegan de golpe muchos encargos y tiene que pasarse jornadas enteras de doce o catorce horas delante del ordenador; otras veces se queda sin nada que hacer. Hay agencias que tardan mucho en pagarle o que le regatean. De vez en cuando tiene que subtitular películas para festivales de cine sanguinario y fantástico, y acaba estragado de tantas vísceras, espantado de la clase de público que alimenta monótonamente su imaginación de esas cosas. Pero le gusta descubrir películas minoritarias, de países improbables, que si no fuera por su trabajo no sabría que existen, y sobre todo documentales.

Le pregunto qué desearía en su trabajo, si hay algo que siente que le falta, si necesita dinero. Pienso en el descontento incurable que yo tenía a su edad, la sensación de estar atrapado en una vida y en una ciudad y en un trabajo que no me gustaban, el desasosiego de escribir, la sospecha de estar escribiendo para nadie, el encono de los deseos ocultos. Con una naturalidad que me sorprende, mi hijo me dice que está contento. Quisiera tener algo más de estabilidad pero no se queja. Hace cosas que le gustan y que más o menos le dan para vivir. Toca la guitarra en un grupo de música pop y está empezando a componer algunas canciones. A él y a su novia les gustaría quedarse en Lisboa, pero si ella no encuentra un trabajo tendrán que volver a Granada. Quizás está mucho más dotado para el disfrute tranquilo de la vida de lo que yo estaba cuando tenía sus años. Lo que más le gusta traducir son los documentales: de viajes, de vidas de músicos, de historia del siglo XX, de enfermedades, de descubrimientos científicos, de animales, de selvas, de expediciones polares, de investigaciones submarinas. Vive enclaustrado en cada uno de ellos durante los días que tarda en completar la traducción, y es como si viajara solo, sedentariamente, por mundos sucesivos, en su cuarto de la Alfama, horas y horas delante de la pantalla del portátil. Le aviso de lo que él sin duda ya sabe, el peligro de estos oficios en los que uno pasa demasiado tiempo a solas y aislado de la realidad exterior, en los que no hay horarios ni más disciplina que la que uno pueda imponerse, a no ser la disciplina angustiosa de los plazos que se acercan y el remordimiento de haberlo ido dejando todo para el final.

Ante todo, corrección.

10 de mayo de 2017

Los últimos tres días en el trabajo han sido de aúpa. Teníamos hasta hoy para entregar una temporada entera de un documental para un cliente muy importante y básicamente me he pasado horas y horas revisando y corrigiendo subtítulos. Pero ¿por qué tanto pánico? ¿Por qué he tenido que dejarlo todo de lado para revisar lo que ha hecho otra traductora que siempre trabaja increíblemente bien? Pues porque este cliente en concreto pide un alto nivel de calidad, y si cuando sus correctores terminan de revisar el material final encuentran errores, te los marcan, te devuelven el archivo para que hagas los cambios pertinentes y... te penalizan económicamente. Y no son errores del tipo «ha escrito "ves a por un vaso de agua" en lugar de "ve a por un vaso de agua"», sino más bien «el punto va fuera de las comillas». Es algo que nos viene pasando desde hace varios meses, este cliente cada vez se está volviendo más exigente, y a mí me parece estupendo. Qué menos, ¿no? Si le pagas a alguien para que lleve a cabo un determinado trabajo, quieres que esa persona lo haga lo mejor posible. Como decía, es algo que veo día tras día desde hace meses, no hay una semana que mi jefe no me pase informes de errores o me diga que han vuelto a devolvernos tal o cual trabajo, y a mí esto me ha dado mucho en lo que pensar.

A estas alturas ya sabréis que leo bastante y de editoriales variadas. Leo desde siempre, pero la ausencia de corrección que veo a día de hoy me parece algo alarmante. Al principio pensaba que quizá era cosa mía, que como hace años leía mucho menos quizá era menos probable encontrar errores, pero un buen día hablas con alguien que lleva años siendo una lectora voraz y se ha dado cuenta de lo mismo que tú, que así como antes lo normal era encontrar pocos errores a lo largo de toda una novela, ahora en según qué editoriales parece ser que lo normal es encontrar prácticamente un error por página como mínimo (y no, no es una exageración).

Cuál ha sido mi «alivio» al hablar con otras compañeras blogueras y lectoras y ver que no soy la única que se horroriza ante la falta de corrección. Me consta que algunas hasta marcan los errores, e incluso han surgido debates en alguna lectura conjunta porque a lo largo de todo un libro se ha mantenido el verbo «venir» cuando la opción correcta es claramente «ir». Tal es la importancia que le damos. Yo por ejemplo no he podido evitar ir confeccionando mentalmente una lista con las editoriales que cuidan este aspecto y otra con las editoriales que no lo hacen, sé cuáles me sacarán de la historia una y otra vez, y esto al final llega a frenarme a la hora de comprar una novela en papel. Es inevitable darse cuenta de si un trabajo está pulido o no, eso se ve e importa, y la pregunta que no deja de rondarme estos días por la cabeza es que si este cliente del que os hablaba antes le da tanta importancia a la corrección, cosa que para mí es lo normal, ¿por qué no lo hacen muchas editoriales? Me falta muchísimo conocimiento del mundo editorial, solo puedo suponer que influye el aspecto económico y que la publicación en masa de novedades cada mes no ayuda, ya que seguramente no siempre les permitirá dedicarles tantos recursos y tiempo como querrían, así que ahí no me meto.

Sin embargo, esta tarde no he podido evitar sentarme delante del ordenador nada más llegar del trabajo para desahogarme porque este es un tema que me afecta a tiempo completo, y para «reivindicar» que, aunque muchas veces sea un tema del que nos quejemos en petit comité, la corrección es algo que a los lectores nos importa y mucho.

TARTA DE PAN: manjar de dioses

6 de mayo de 2017

¿Alguna vez os he dicho que no me gusta demasiado cocinar? Suerte tengo de vivir con un cocinillas, que si no, no sé qué sería de mí. Sin embargo, desde siempre me ha gustado mucho hacer dulces. Durante el año del máster probaba cada semana una o dos recetas nuevas porque me ayudaba un montón a desestresarme, y como trabajaba en un museo los fines de semana siempre les llevaba algo a mis queridos conejillos de indias para desayunar (ellos encantados de la vida, y mi familia también por no tener cada semana un par de tentaciones al alcance de la mano). No os penséis que soy una crack y que hago maravillas preciosísimas con fondant, para eso no tengo talento alguno, ni siquiera una simple cobertura de chocolate me queda bonita, pero algunas cosillas me quedan ricas, y es que aunque no tengo habilidades artísticas sí que hago las cosas con mucho cariño. En fin, todo este rollo para deciros que ayer estaba yo haciendo EL DULCE DE LA FAMILIA por excelencia y pensé: «Carolina, esto está tan bueno que tienes que compartirlo con el mundo». 

Dejad que os cuente una historia. Cuando era pequeñina veraneaba en el pueblo, donde vivían mis abuelos, tíos y primos por parte de padre. Mi prima es nueve años mayor que yo y mola demasiado. Imaginaos a una enana de cinco años correteando todo el día, fascinada y llena de admiración, detrás de su prima de 14: esa era yo. Pues bien, Tere también molaba mucho porque hacía los dulces más ricos del mundo: véase el pastel de galletas con natillas y chocolate, y véase... la tarta de pan. Me chiflaba aquel pudin y solo lo comía una vez al año, cuando ella lo preparaba. Cuando cumplí los ocho años coincidió que estaba allí y, como no podía ser de otro modo, ella me hizo el pastel: TRES tartas de pan. Estuvimos comiendo pastel durante días, y si no lo aborrecimos entonces, nunca lo haremos. Con el paso de los años ha quedado como una de esas cosas que no pueden faltar cuando nos juntamos los primos: el día que mi hermano llega con su familia (mis sobrinos se están volviendo también adictos y yo cada vez que me la piden pienso: «¡Bailad para mí, pequeños!»), aquel mediodía después de una juerga improvisada (genial para combatir la resaca), o simplemente porque sí, porque nos hemos visto un año más aunque sea poquito. La tarta de pan nunca falta, así como la partida de Trivial de rigor o las Cruzcampo fresquitas en la nevera, por supuesto.

No conseguí la receta hasta que fui mayor, esto acompañado de la frase: «Carol, esta receta es secreto de la familia». Y yo pues como que me lo tomé al pie de la letra, y cada vez que la preparaba y me decían que qué rica estaba, que les tenía que dar la receta, yo les decía, toda misteriosa: «Shhh... Que es secreto de la familia». Imaginaos mi cara de pringada el día que mi prima la compartió en su blog =D Ni secreto familiar ni leches, encontraréis recetas muy parecidas en blogs de cocina con un nombre similar, pero hoy aprovecho que se la he preparado a mi hermano por sus 35 primaveras para compartir aquí la receta que yo sigo a pies juntillas ;)

Antes de nada, una advertencia. Es un pudin HIPERDULCE, HIPERCALÓRICO y se recomienda tomar en pequeñas porciones (si lo hacéis veréis que queda condensado y que llena un montón). Además, es tremendamente adictivo, por eso solo lo preparo en ocasiones especiales (junto con el tiramisú, es el único dulce al que nunca le puedo decir que no). Avisad@s estáis.





INGREDIENTES
3 vasos de pan
3 huevos
1,5 vasos de leche
1,5 vasos de azúcar
1 sobre de flan Royal
1 pizca de levadura






ELABORACIÓN

0) Precalentar el horno a 175ºC arriba y abajo.
1) Coger un vaso de 200 mL como unidad de medida y trocear el pan hasta llenar tres vasos. Id apretando el pan para que el vaso quede completamente lleno. Un consejo que he aprendido a base de hacerla muchas veces: a pesar de que en la receta que yo tengo se recomienda que el pan sea de miga gruesa (como el pan de máquina, por ejemplo), a mí me queda más jugosa si uso pan de barra normal. De lo contrario, puede quedar sequita y no tan buena.
2) Añadir en un bol el pan, los huevos, la leche, el azúcar, una pizca de levadura y un sobre de flan Royal (o de natillas Royal, eso va a gustos).
3) Mezclar todo bien y dejar esponjar durante un rato para que el pan se reblandezca completamente.
4) Batir bien con la batidora.
5) Verter la mezcla en un molde (previamente engrasado si es de metal o de cristal) y meter al horno durante una media hora o hasta que al pinchar la masa con un cuchillo este salga limpio.


¿A que es muy fácil de hacer? Pues más rica está =D Aprovecho y os dejo la receta que compartió mi prima en su blog, así tenéis otra alternativa: Salpimentar - Tarta de pan. Creo que es la persona que más veces ha preparado la tarta de pan en el mundo y así como yo siempre opto por la receta clásica, cómo se nota que ella es artista y saca su vena creativa ;) La foto también es cortesía de ella, por cierto (se la he tomado prestada temporalmente vilmente).

Ya me contaréis si ya conocíais este postre tan rico, si lo habíais comido alguna vez, si no teníais ni idea de lo que era la tarta de pan y os habéis animado a prepararla... Nosotros esta tarde en casa seguro que la vamos a disfrutar pero bien :) 

~ ABRIL ~

3 de mayo de 2017


Abril fue un mes redondo, pero redondo de verdad. En serio, no recuerdo uno tan bueno en lo que a lecturas se refiere. Cansada de chascos y de lecturas descafeinadas (véanse febrero y marzo), me propuse encontrar novelas a las que no pudiera ponerles menos de ««««, y si no he hecho pleno ha sido por los pelos. Vale, lo reconozco, he ido a lo seguro y todas a excepción de una han sido recomendaciones, pero de vez en cuando una necesita leer cosas que le devuelvan la ilusión de que todavía hay un montón de novelas que merecen la pena aunque pasen desapercibidas, de que no todo es más de lo mismo.

Empecé el mes retomando una novela que dejé en stand by en enero: Juntos, nada más, de Anna Gavalda. Esta es la historia de Camille, Philibert, Franck y Paulette, cuatro personajes peculiares, solitarios, cada uno con sus propios problemas y sus propios dramas, pero todos con un gran corazón que, simplemente, se encuentran en el momento preciso, y a partir de ahí, y paulatinamente, sus vidas cambiarán a mejor. Es una historia de momentos, de pequeñas cosas, de cotidianidad, todo salpicado de la ironía y el sentido del humor de la autora y de una prosa muy ágil. Cuando lo cogí llevaba poco más de 200 páginas y las otras 400 y pico cayeron en un santiamén, así que imaginaos el ritmo que tiene la historia. Con Juntos, nada más me he estrenado con Anna Gavalda, pero sé que tarde o temprano volveré a leer algo suyo. Ahora toca ver la peli, comparar (no lo puedo evitar) y disfrutar de la versión original :) [««««]

Abril siguió con La chica que dejaste atrás, de Jojo Moyes. De la autora solo había leído Yo antes de ti, pero tenía pendientes otras dos o tres novelas suyas. Cuando vi esta en novedades tenía pensado dejarla para más adelante, pero en uno de mis impulsos empecé el primer capítulo y me animé a seguirla gracias a Lidia. Esta vez Jojo Moyes nos trae una novela contada a dos tiempos, la historia de dos mujeres conectadas a través de un cuadro con unos 90 años de diferencia que me absorbió desde la primera página. Desde el principio me sentí inmersa en la vida de St. Péronne, en Le Coq Rouge, durante la Primera Guerra Mundial, y pese a lo duras que se me hacen este tipo de historias, siento debilidad por ellas, quizá porque a pesar de ser ficción fue la realidad (y tristemente lo es aún hoy en la actualidad) de millones de personas y me calan muy hondo. Jojo consigue hilvanar perfectamente los acontecimientos del pasado con los del presente y transmitir emoción, es imposible no empatizar con sus personajes, no sentir y sufrir con ellos, no mantenerte en vilo hasta la última página. Ambas historias me gustaron mucho, pero casi un mes después la que no consigo olvidar, la que sigue poniéndome un nudo en la garganta, es la de Sophie. Una novela maravillosa con todas las letras. [«««««]

Después de descubrir a Marisa Grey el mes pasado gracias al club de lectura, me apunté sus otras dos novelas. ¿Y qué mejor que leerla conjuntamente con alguien como Elena? :) Empecé Me llaman Alice sin tener ni idea de qué iba (de hecho, una vez que la historia ya estuvo planteada me leí la sinopsis y comprobé que no desvela nada, lo cual es genial), y debo admitir que Marisa Grey ha vuelto a conseguir que me quite el sombrero, y eso que tenía el listón bien alto después de Bajo el sol de medianoche. La historia de Alice me mantuvo pegada a sus páginas, con ese suspense que va in crescendo durante toda la novela y unos personajes que me conquistaron y me enternecieron a partes iguales. Próximamente Cadena de favores, que al menos yo lo estoy deseando :) [««««]


Desde el año pasado tenía pendiente continuar la serie de los Hermanos Nualart, así que antes de sumergirme en La partitura recuperé Saltar al vacío de la estantería durante la Semana Santa y cayó en un día y medio. A estas alturas Anna Casanovas ha conseguido maravillarme con muchas de sus novelas y de sus personajes, pero la historia de Alexia y José Antonio se me ha metido muy dentro. Lo que sienten el uno por el otro es tan intenso que traspasa las páginas, es inevitable ponerse en la piel de uno y de otro a pesar de los errores y del daño que se hacen mutuamente, hasta el punto de leer su historia con congoja en el pecho. Ha sido una de las novelas de Anna que más me han llegado a día de hoy, y es maravilloso que a estas alturas siga sorprendiéndome con historias tan bonitas como esta cuando menos me lo espero. [««««½]

No es lo que me pasó con La partitura, siento decirlo, y eso que es una historia que me gustó, pero no de las que más de la autora. El problema que tuve de entrada es que en algún lugar leí una entrevista a Anna en la que comentaba que lo que sienten Adam y Charlotte se va cociendo a fuego lento, que no es para nada una historia en la que vayamos a encontrar un instant love; sin embargo a mí todo me pareció demasiado repentino y demasiado intenso demasiado pronto y eso me sacaba por completo de la historia, y teniendo tan reciente la historia de los protagonistas de Saltar al vacío, que me pareció tan verosímil y creíble, se me hacía aún más evidente que algo no me encajaba. Es una historia original, de eso no hay duda, y los capítulos narrados por Folie me encantaron (que se entrelace una historia ficticia con acontecimientos reales, si se hace bien, siempre me fascina), pero hubo detalles que no me terminaron de convencer, demasiado drama hacia el final que me olí desde la mitad del libro. Se ha comparado bastante esta historia con Herbarium. Las flores de Gideon, una novela que sigo teniendo pendiente, pero ya no lo voy a retrasar más, ahora sí que sí le ha llegado su momento :) [«««½]

Y el mes terminó con Jojo y Hasta siempre, mi amor, de nuevo una novela a dos tiempos que me dejó sin palabras. La historia de Jennifer y Anthony es la de un amor prohibido y secreto en los años 60 que nunca lo tuvo fácil y que nunca tuvo la suerte de cara, pero que es tan intenso y verdadero que permanece vivo a pesar del paso de los años. Ambos personajes me conmovieron y cautivaron, y cada vez que la autora volvía al pasado daba saltos de alegría porque su historia me tenía en vilo. Con esta novela Jojo Moyes ha terminado de ganarse un puesto de honor entre mis autoras de cabecera. Quizá no es una de sus novelas más conocidas, y actualmente solo se encuentra en formato digital (¡por favor, que la reediten!), pero si tenéis ocasión de leerla no dejéis de darle una oportunidad. [«««««]


Os lo dije: ha sido un mes redondo, y en ese sentido no podría estar más contenta. Pero abril fue mucho más. Abril fue...

...el mes en que POR FIN firmé el contrato después de... no quiero ni pararme a pensar el tiempo que nos pasamos mareando la perdiz. Al ver mi primera nómina después de dos años y pico como autónoma sentí la misma alegría (o más) que al recibir mi primera nómina ever.

...Sant Jordi/el Día Internacional del Libro, o lo que es lo mismo, el día más bonito del año ♥ A nuestras estanterías se sumaron cinco libros nuevos, eso si no contamos que el día anterior me encontré con una Re-Read por casualidad y salí de allí con... siete libros. Siete. Nuevecitos. Por 14 euros de nada. Era mi obligación moral llevármelos. Mientras la pila de libros que llevaba en brazos no paraba de crecer, pensaba: «¿Dónde voy a meterlos, dónde?». Pero obviamente no me arrepiento.

...¡VACACIONES! Javi y yo aprovechamos el Puente del Trabajador y nos fuimos a Girona. Tres días que nos supieron a gloria porque no salíamos desde agosto y ya iba siendo hora de dejarse llevar un poco. Hubo un par de sitios que me enamoraron y a los que tengo que volver sí o sí, y si no me duermo en los laureles os los enseñaré dentro de poquito ;)


Si habéis llegado hasta aquí, con lo que me gusta a mí escribir entadas kilométricas, ¡sois un@s valientes! Y nada más, solo me queda deciros que seguramente vuelvo pronto, a ver si esta vez es verdad :)

~ MARZO ~

5 de abril de 2017


En comparación con febrero, marzo fue un gran mes. Y eso que hubo excepciones, pero tuve el tino —o la fortuna— de elegir cuatro muy buenas lecturas. Un libro muy chulo, tres novelas que me han dejado huella y me han dejado asombrada, una pasable y un «¿no eres tú, soy yo?». ¿Queréis saber cuáles son?


Me diréis que la portada y el título no llaman la atención :) Hacía varios meses que tenía La noche en que Frankenstein leyó El Quijote, de Santiago Posteguillo, en el Kindle, y también hacía varios meses que lo había empezado. Que esté dividido en pequeños relatos que se lean en un santiamén (unos escasos 10 minutos) es perfecto para cuando tienes ganas de leer pero no dispones de mucho tiempo, y finalmente me lo terminé el mes pasado entre descanso y descanso del trabajo. Si sois amantes de la literatura y de las curiosidades os lo recomiendo muy mucho, porque de una manera muy amena Posteguillo nos cuenta anécdotas de la vida y/u obra de, por ejemplo, Jane Austen, Antoine de Saint-Exupéry, Mary Shelley, Anne Rice y de hasta J. K. Rowling, sin ir más lejos. La de novelas y autores que me he apuntado y que he recordado que tengo todavía pendientes... Y la de curiosidades que he aprendido para futuras partidas de Trivial... ;) [««««]




A mediados de febrero Neïra volvió a hacer magia y a tocarnos el corazón con Valiente Vera, pequeña Sara. Tuve que esperar un poquito para disfrutarla como se merecía, y a principios de marzo volvió a ser verano para mí y disfruté de los días de sol junto a Sara, Vera y Alex. Un mes después sigue invadiéndome la calma, la nostalgia y la emoción que sentí al leer esta preciosa historia, y eso es que indudablemente me ha dejado huella. [«««««] [RESEÑA AQUÍ]








En marzo emprendí un nuevo Viaje Literario con las chicas del club de lectura. A la hora de votar lo tuvimos difícil, pero después de haber leído esta entrada de Lidia (Cielos de papel) sobre Bajo el sol de medianoche, de Marisa Grey, quise leer esta novela sí o sí. Si tuviera que resumir en una sola frase lo que me ha parecido, sería con «me ha fascinado». La ambientación es magnífica, la autora es capaz de llevarnos hasta el Yukón de finales del siglo XIX y de hacernos visualizarlo todo a la perfección. Además, cuenta con unos personajes de 10, con acción, intrigas, aventuras, con mucho amor, con su particular dosis de humor... Que no os espanten sus casi 800 páginas de extensión, porque a mí se me pasaron en un santiamén. [«««««]



Y del Yukón me fui a la Viena de los años 20 y al Berlín de los años 30 de la mano de El último baile, de Marisa Sicilia. La historia de Lili y Andreas no es una historia fácil, pero es la historia de un amor intenso que sobrevive al tiempo y a las circunstancias que les toca vivir. Os lo aviso: no siempre estaréis de acuerdo con las decisiones que tomen, no siempre los entenderéis, pero eso es precisamente lo que los hace tan humanos. Otras veces, en cambio, no podréis evitar comprenderlos. Para mí el colofón es la pluma de Marisa, que escribe que es una delicia. Hace relativamente poco que la descubrí, pero siempre me maravilla, sobre todo en romántica histórica, y esta vez no ha sido menos :) Por cierto, ese final... me pareció absolutamente perfecto. [««««½]





Sí, de esas que os decía el otro día que considero «de las de pasar el rato» o de las que intercalas entre lecturas más densas. Empecé a seguir el verano pasado las aventuras y desventuras de Candela y sus chicos del calendario. La idea me pareció muy original, y así como el segundo libro de la pentalogía me gustó bastante, en Los chicos del calendario 3. Mayo, junio y julio me empecé a cansar bastante de ir de Víctor a Salvador y de Salvador a Víctor, y ya empiezo a tener ganas de llegar al final de esta historia. Curiosidad por saber qué pasará en la cuarta parte (¡maldita sea!) después de ese giro del final. [«««]







Todavía hoy, un mes después de que se publicara La magia de ser Sofía, de Elísabet Benavent, sigo cabreada. ¿Con Beta, con la historia, con los personajes, conmigo? Pues más bien conmigo, qué queréis que os diga. Intentaré ser breve hablándoos de este tema, porque incluso empecé a escribir una reseña que se quedó en borradores que me sirvió para desahogarme al terminar esta primera parte. La novela, si hago una valoración global, quizá se lleve un aprobado raspadito por mi parte. Y no, no es por los personajes, ni porque Héctor me cayera mejor o peor, ni por cómo termina (es una bilogía, sabemos que va a pasar algo gordo al final que va a impedir el «felices para siempre»), ni por el tema que trata. Os lo aseguro, le he dado muchas vueltas y he llegado a esa conclusión. Si os soy sincera, me estaba gustando Sofía, el Alejandría, esa complicidad que había entre los personajes, que su historia se vaya cociendo a fuego lento, que fuera la novela más creíble y cercana de la autora (sin tríos, sin cantantes famosos, solo un chico y una chica que llevan una vida normal, un día se conocen y nace la magia), pero hacia la mitad... para mi gusto empezó a decaer. Empecé a pasar páginas como si no hubiera mañana, a leer en diagonal, con ganas de terminar el libro. ¿Y por qué? Pues porque se me empezó a hacer largo, aburrido, pesado, y estaréis de acuerdo conmigo en que cuando eso pasa... mal asunto. Demasiadas páginas me parecieron de relleno, y dejé de empatizar con Héctor y Sofía. Se acabó la magia entre nosotros. No me hicieron sentir, cuando Beta conmigo lo ha conseguido siempre, siempre, siempre. Y ya para rematar... por primera vez me ha molestado el registro tan coloquial que caracteriza la escritura de la autora. No es que no soporte que se use este tipo de registro en una novela, de hecho lo defiendo en novelas desenfadadas, pero no que se abuse de ello, porque que se usen las palabras «coño» y «polla» así, gratuitamente, porque sí... pues no. Ya en Mi isla empecé a sentir algo de esto y lo pasé por alto, pero con La magia de ser Sofía no he podido. Quizá si hubiera leído esta novela en otro momento habría vuelto a quedar encandilada como me pasó desde Valeria hasta Martina (creo firmemente que el momento es un gran condicionante), pero supongo que leerla después de Valiente Vera, pequeña Sara le hizo un flaco favor. No podía evitar pensar en los muchos aspectos que me habían maravillado de la nueva novela de Neïra y de la propia Neïra: cómo desde que empezó en esta andadura siempre se ha arriesgado con algo diferente, cómo ha ido evolucionando novela tras novela, lo bonito que escribe, cómo transmite y nos hace sentir... Estoy cabreada, porque Beta es una autora superventas y se supone que esto siempre funciona, así que ¿para qué cambiar el patrón y arriesgar con algo nuevo y diferente? Y estoy más cabreada aún porque, a pesar de que al terminar esta novela me planteé no leer siquiera la segunda parte, lo más seguro es que acabe haciéndolo porque no me gusta dejar las cosas a medias. Eso sí, después de La magia de ser nosotros... creo que me costará volver a repetir con Beta. [««½]

-------------------- Fin de mi desahogo --------------------


Ya veis que las dos últimas lecturas no han sido muy allá, pero como os decía al principio ha sido un gran mes. Si os pirra la romántica histórica, os recomiendo tanto Bajo el sol de medianoche como El último baile. Si sois amantes de la literatura y fans de las curiosidades, seguro que os gustará perderos entre las páginas de La noche en que Frankenstein leyó El Quijote. Y si queréis una historia bonita, dulce, intensa, cálida y tierna... entonces tenéis que conocer a Sara, Vera y Alex.

Ahora os toca hablar a vosotr@s ;)
¿Coincidimos en alguna lectura? ¡Contadme qué os pareció!

~ FEBRERO ~

1 de abril de 2017


Así como enero vino cargado de lecturas, febrero fue otro cantar. Supongo que fue un poco todo: con el cambio de jornada tenía menos tiempo para leer, con los nervios del contrato y del piso no andaba yo muy centrada que digamos, y lo poco que leí en su gran mayoría tampoco es que fuera genial. Se podría decir que febrero en lecturas fue en cierto modo un reflejo de mi vida: un mes de sorpresas y alegrías, un mes en el que pasaba día tras día como buenamente podía y un mes en que me llevé algún que otro chasco.


Febrero empezó y terminó con la nueva bilogía de Abril Camino: la saga Destino. A principios de mes se publicó la primera parte, Viajando hacia mi destino, y qué queréis que os diga... Una escapada mental por Europa, volver a recorrer lugares y rincones que ya había visitado, se me antojó como algo perfecto. Así que de la mano de Abril y de la mano de Diego y Lucía me fui a ciudades como Cracovia, Praga, Viena o Budapest, pero no me podía imaginar que me iba a gustar tanto... Y es que Abril Camino una vez más volvió a sorprenderme. No la conocía en romántica adulta, pero siempre me demuestra esa capacidad de crear historias diferentes y que terminan siendo más de lo que parecen a simple vista. No llegué a conectar del todo con Lucía, para la edad que tenía me parecía una chica inmadura, pero si alguien me sorprendió muy mucho... ese fue Diego. Desde las primeras páginas, desde antes de saber su edad, me pareció bastante más mayor de lo que era en realidad, y al final terminó dejándome con la boca abierta. Suerte que Abril no nos hizo esperar mucho para poder leer Decidiendo mi destino, la segunda parte de esta historia. Qué os puedo decir... No me esperaba un desenlace así, y que conste que lo digo en un sentido positivísimo, porque para mí fue MUY diferente a Viajando hacia mi destino. Esta vez, y a pesar de haber momentos en los que no entendiera a Lucía, terminé poniéndome en su lugar y empatizando con ella. Y Diego... sencillamente siguió fascinándome. Esta entrega me ha parecido más madura, me los creí a los dos a pies juntillas y los sentí a ellos y su historia hasta el borde de las lágrimas. Solo puedo darle las gracias a Abril por hacer tan real una historia en un principio tan ideal, por no dejarse llevar por los convencionalismos y por los tópicos, por darle ese «más» a la romántica adulta. [««««½]



En febrero también hubo cabida para las historias de «pasar el rato», como yo las llamo. Primero fue el turno de Pellizcos de San Valentín, de Norma Estrella y Dona Ter, dos relatos muy cortitos que me hicieron pasar una tarde agradable, pero reconozco que me gustó más el que publicaron en Navidad, hubo una historia en concreto que me tocó el corazón. [««½] También le hice un huequecito a dos novelas muy cortitas que tenía pendientes de Sílvia Soler, una de mis escritoras favoritas: Una família fora de sèrie i Un creuer fora de sèrie. Nada reseñable sobre ellas, como ya he dicho fueron novelas «para pasar el rato». Hubo partes en las que me eché unas buenas risas, pero sin lugar a dudas cuando la autora me gana por completo es en otro tipo de novelas. [«««]


Y entonces llegó el chasco del mes... Después de dos años Sílvia Soler volvía con una nueva historia, una de esas con las que, como os decía, me gana por completo. Solo que esta vez no lo consiguió... Conocí a esta autora por casualidad, como pasan muchas de las cosas más bonitas de esta vida, con una historia llamada Petons de diumenge. La novela me duró un suspiro, y la cerré con una sonrisa nostálgica en la cara. Desde entonces no le perdí la pista a Sílvia Soler, y nunca me defraudaba, así que imaginaos las esperanzas que tenía puestas en Els vells amics, una historia que trata sobre cinco amigos que se conocen en la universidad y nos cuenta sus vidas y analiza su amistad a lo largo de 30 años. Lo que más me gusta de esta autora es que siempre se centra en las pequeñas cosas, para mí es una narradora de lo cotidiano, que te hace empatizar con sus personajes, acompañarles en sus vidas hasta que los sientes muy cerca. No sé qué ha pasado esta vez. O no fue el tipo de historia que me esperaba o quizá tenía demasiadas expectativas, pero... me quedé igual que antes de empezar. [««½]


¡Menos mal que marzo fue mejor! Me acompañaron un total de seis lecturas, unas mejores que otras, pero de las que tengo muchas cosas que contaros. Ahora que ya hemos entrado en abril, es solo cuestión de días que vuelva a pasarme por aquí para hablaros de todas ellas en una de mis entradas kilométricas ;) Mientras tanto, ¿qué historias os han acompañado a vosotr@s? ¿Habéis leído alguna de mis lecturas de febrero? :)

~ ENERO ~

14 de marzo de 2017

Os dije hace unos días que volvería a dejarme caer por aquí este mes aunque fuera para hacer el resumen mensual de lecturas, pero como estamos en marzo y no lo publico desde diciembre... será mejor seguir un orden, ¿no? (Yo es que soy muy cuadriculada...) Así que poquito a poco os iré contando qué historias me han acompañado estos últimos meses.

Como os comenté, hacer el balance lector de 2016 me dio qué pensar, y eso influyó en mis propósitos para el nuevo año. No soy muy dada a hacer propósitos porque nunca los cumplo, pero en esta ocasión pensé: «¿Por qué no? Al menos plantéate qué te gustaría hacer o cambiar». En cuanto a lecturas, lo tenía claro: quería leer menos pero disfrutar más de lo que leía. No es que 2016 fuera un mal año, pero empecé a sentirme saturada de novelas que, al terminarlas, me dejaban igual que al empezar, que eran fácilmente «olvidables». Supongo que, poco a poco, como lectora voy cambiando, y eso es bueno, ¿no? Otro propósito era leer cosas más variadas. El año pasado prácticamente solo pasaron por mis manos novelas románticas, que eso está muy bien, pero me dije: «Carolina, abre más tu mente». Y eso quiero hacer, atreverme con historias diferentes, porque estoy segura de que me estoy perdiendo cosas realmente buenas, aunque reconozco que de momento la romántica sigue llevándose la palma. Aun así, os animo a sacar vuestra vena recomendadora, ¡estoy abierta a todo! Puestos en situación, ¡vamos allá! ;)

Empecé el año volviendo a mi adolescencia para reencontrarme con Harry, Ron, Hermione y compañía. No me esperaba nada de Harry Potter y el legado maldito, iba mentalizada, había leído muchas opiniones al respecto que no lo dejaban precisamente bien, y... vale, tenían mucha razón, pero tenía que comprobarlo por mí misma. ¿Qué os puedo decir de esta historia? ¿Es curiosa? Sí. ¿Es entretenida? Sí. ¿Es necesaria? Definitivamente no. Se nota a leguas que no es una historia de Rowling, y no por la calidad de la misma o porque se trate de una obra de teatro, sino porque los personajes que se retratan en ella no son los Harry, Ron y Hermione que conocimos a lo largo de siete libros. ¿Ha sido una decepción? No puede serlo cuando no me esperaba nada, así que... [««]


Entre unas cosas y otras volvió Matt Reed con su propia historia: Mi hogar serás tú. Tras leer Sangre y tinta [RESEÑA AQUÍ] ya sabíamos qué había sido de este personaje, pero aun así... las 100 páginas de esta novela corta merecen mucho la pena. La única pega es precisamente esa, que sea tan cortita. [««««]


Y entonces llegaron los Reyes y, cómo no, hubo libros bajo el árbol =D El primero al que le hinqué el diente fue El silencio de la ciudad blanca. Hacía siglos que no leía una novela negra y de esta había oído cosas muy buenas, así que me animé y... terminé devorando la mitad de la novela en una tarde. Con eso os haréis una idea del nivel de enganche que tuve con este thriller. En él encontraréis una trama original y muy bien hilada, unos giros sorprendentes, una presentación de los personajes y de los acontecimientos que te hacen sospechar hasta del apuntador... He de decir que al final acerté (siempre digo que eso es del intensivo que hice con Castle). Imaginaos si me gustó que al terminarla empecé a recomendársela a todo el mundo (¡guiño, guiño!). [«««««]


Con el fin de la Navidad tocó la vuelta a la rutina, una rutina que implica trabajar también en casa cuando la ocasión lo requiere. Cuando esto pasa opto por novelas ligeritas, y es curioso que eligiera Más que un verano, de Victoria Vílchez, porque no tenía intención de leer esta historia :/ Pero lo hice, a veces tengo impulsos raros, y cumplió con su cometido: hacerme pasar unos ratos entretenidos y desconectar, aunque la verdad es que se trata de una historia muy previsible. He de decir que me gustó más la segunda parte que la primera, en parte porque me costó tragar a Aria y porque la segunda parte es mucho más tierna y bonica. [«««]





Y entonces llegaron Luke y Harriet, y Alice Kellen sencillamente volvió a hacer magia con 23 otoños antes de ti ♥ Reconozco que tenía muchas ganas de conocer la historia de Luke y me encantó ser testigo de cómo intenta encontrarse a sí mismo, pero sin duda lo mejor fue conocer a Harriet, esa chica que es toda bondad, dulzura, generosidad y fortaleza. Literalmente sentí ganas de abrazarla desde los primeros capítulos, de protegerla de todo lo malo y de hacerle sentir mi cariño. La novela me duró apenas dos tardes, es de esas que devoras y saboreas al mismo tiempo, que no puedes parar de leer pero que no quieres terminar jamás, con todos esos detalles tan bonitos que caracterizan la prosa de Alice y una historia de amor dulce a la par que divertida que se va cociendo a fuego lento. [««««½]



El mes concluyó con Anna Casanovas. A pesar de tener tantas novelas suyas pendientes, las historias de los tres amigos de Little Italy se colocaron en lo más alto de la lista y trastocaron todos mis planes lectores después de que se publicara Si todo desapareciera. ¡Me gustó tantísimo esta trilogía! Viajar en el tiempo al Nueva York de los años 40, con la mafia, la policía, Hollywood en la tercera novela... Reconozco que la época y la temática ya me atraían desde mucho antes, y si juntamos esto con la prosa y la sensibilidad de Anna... Ay, Anna, ¡una vez más me conquistaste de principio a fin! A pesar de que Vanderbilt Avenue me gustó muchísimo, si tuviera que quedarme solo con una sería con El universo en tus ojos. Sentí la historia de Nick y Juliet muy intensamente, con ese amor dulce e inocente que nace desde que se conocen siendo unos niños y sigue a través de los años, con esa parte más amarga en la que Nick sobrevive a duras penas después de perder a Juliet... Sin embargo, reconozco que le sigue muy de cerca la historia de Sandy y Sean. Si algo quiero destacar de Si todo desapareciera es la delicadeza con la que Anna trata un tema tan delicado (valga la redundancia), la fortaleza y el coraje de Sandy y que, en determinados momentos, Anna no se dejara llevar por los clichés. Aún me quedan muchas novelas por leer de la autora, pero esta trilogía me ha parecido fantástica, en serio. [««««]

¡Y esto es lo que dio de sí enero! Una obra teatral de fantasía, un thriller, tres new adult y tres novelas de romántica histórica (ahora entendéis lo de que la romántica sigue llevándose la palma, ¿verdad?). Sin duda lo mejor del mes fueron El silencio de la ciudad blanca, 23 otoños antes de ti y la trilogía de Little Italy, así que si os gustan estos géneros, os las recomiendo muy mucho.

Ya veis que sigo sin callarme ni debajo de agua, así que ahora os paso el testigo a vosotr@s :)

¿Coincidimos en alguna lectura? ¿Qué os pareció?
¿También os decepcionó Harry Potter y el legado maldito?
¿También os quedasteis con la boca abierta con la historia de Kraken?
¡Contadme, contadme! :)

VALIENTE VERA, PEQUEÑA SARA (NEÏRA)

7 de marzo de 2017



Vera, Sara y Alexander eran inseparables. Siendo adolescentes, habían establecido un vínculo especial, una amistad inquebrantable; habían trenzado sus vidas con nudos en apariencia irrompibles. ¿Por qué entonces, en la actualidad, Sara se siente sola? ¿Por qué hace años que no está cara a cara con ninguno de los dos? ¿Por qué los veranos en el lago ya no son tan mágicos como en algún momento fueron? ¿Por qué resulta tan fácil romper las promesas?

Una novela sobre esas decisiones cobardes que tomamos en algún momento, pero también sobre personas valientes que les hacen frente. Sobre esa amistad profunda que se forja en la juventud y que sobrevive incluso al paso más cruel del tiempo. Sobre el miedo, el rencor, el fracaso. Pero también sobre el amor; el amor por la familia, por los amigos, por el hogar, por aquellas personas que poseen la capacidad de hacer que tu mundo gire o deje de hacerlo. Sobre un amor de verano y sobre el amor de toda una vida.


Dos hermanas, un chico y el lago como único testigo 
de una historia que marcó la vida de cada uno de ellos. 




GLAD TO BE ¿BACK?

6 de marzo de 2017


Hoy hace justo dos meses que publiqué mi última entrada en el blog. Es la primera vez que paso tanto tiempo sin dejarme caer por aquí, y aunque a veces parece necesario tomarse un pequeño respiro para volver con más fuerzas, mi intención nunca fue que este respiro fuera tan largo y lo cierto es que a estas alturas echo terriblemente de menos este rinconcito que salió impulsivamente de la nada y que cada vez es más mío.

No soy de hacerme propósitos de año nuevo, pero en enero me hice un par, así muy generales:

1. Cansada de leer cada vez más libros que no me decían nada, me propuse leer menos pero más variado y de más calidad.

2. Retomar mi otro blog, un blog de viajes que abrí hace muuucho tiempo con Javi en el que explicábamos nuestras peripecias por Europa. En enero le di un pequeño empujón, lo cual inevitablemente «me quitó tiempo» para dejarme caer por aquí, aunque tampoco me pude dedicar a él todo lo que habría querido.

Y así andaba yo en enero, recordando viajes pasados y leyendo menos pero disfrutando como una enana de casi todo lo que pasaba por mis manos. Sin embargo, de un día para otro pasé a hacer jornada completa en el trabajo (literalmente, en mi empresa todo se hace deprisa y corriendo), todo a raíz de un «ascenso» que me ofrecieron a finales de año. ¿Lo mejor de todo? Despedirme de la vida de autónoma, ya que por fin iban a hacerme el contrato que llevaba pidiendo más de un año. Peeero que esto fuera tan repentino tenía su parte mala, malísima: terminar todos los proyectos a los que me había comprometido para febrero. Y entre jornadas maratonianas y algún que otro fin de semana sacrificado, pasó algo que llevábamos meses esperando. No sé a vosotras, pero a mí siempre me pasa todo de golpe, y esta vez no iba a ser menos. Javi y yo llevábamos buscando piso de compra desde que volvimos de las vacaciones. No sé cuántos llevábamos ya vistos a nuestras espaldas. A veces era verdaderamente desesperante, porque todos tenían pegas que para nosotros eran garrafales. Lo mejor de todo es que en este tipo de cosas los dos somos muy decididos, y con solo una mirada sabíamos que era un «no» rotundo. Pero entonces a principios de febrero apareció EL PISO. Era prácticamente perfecto, con todas las características que buscábamos y solo un par de pegas, pero pegas menores, de esas que puedes pasar por alto porque cuando lo ves por primera vez visualizas las reuniones familiares en el comedor, ves ante tus ojos la biblioteca que piensas montar en la habitación extra, te ves los sábados por la mañana desayunando en la terraza, o cenando con los amigos una noche cualquiera de verano, y mientras tanto por allí pulula el hijo perruno que hace tanto tiempo que queréis adoptar ♥♥♥ Han sido unas dos semanas de lo más estresantes, de incertidumbre, de reuniones con el banco, de tener la cabeza en mil sitios a la vez por, además, estar a punto de firmar el contrato justo esta semana y gestionar la baja del autónomo para después leches. Ahora, con el contrato de arras ya firmado y con la tasación en marcha, ahora que ya es prácticamente seguro, los nervios y la incertidumbre han dado paso a la ilusión, a meterme de vez en cuando en la web de Ikea, a conversaciones sobre los colores de las paredes, a reivindicar mi soberanía en la biblioteca («Javi, la biblioteca es cosa mía, y mira todo lo que tengo pensado... ihsdkjfhsdfhkjjhdfs», seguro que me entendéis), a visitas fascinantes al Media Markt un viernes por al tarde para mirar electrodomésticos. Y ya veis, así como todo parecía ir muy lento, ahora vamos cuesta abajo y sin frenos, pero con unas ganas que... :)

Quizá ahora entendáis ese interrogante del título de la entrada. No os podéis imaginar las ganas que tenía de escribir desde hace días, desde que todo parece haberse calmado un poquitín, pero no sé con qué asiduidad me iré dejando caer por aquí. Prometo hacerlo al menos una vez al mes, ni que sea con una de mis habituales entradas cargadas de libros, porque, la verdad, aunque os iba leyendo os he echado un montón de menos. Pero no era lo mismo, había algo que me faltaba, y supongo que era esa falta de interacción y ese desahogo que más de una vez he necesitado tras cerrar un libro. Por lo pronto intentaré repetir esta semana, aún no sé si con una reseña o no, porque tras terminar ayer Valiente Vera, pequeña Sara y estar leyendo La magia de ser Sofía tendré mucho que decir seguro (del primero maravillas, del segundo... ya veremos, miedo me está dando).

Lo dicho, sea como sea esta semana volvemos a leernos. Prometido.
¡Un besazo!

A LA DE TRES: ¡TE QUIERO! (CHERRY CHIC)

6 de enero de 2017



Esta es la historia de Julieta, una mujer excéntrica, alegre y dispuesta a darlo todo de sí misma siempre. Le encantan los calcetines de colores, las películas de Tim Burton y el helado de Kinder, entre otras muchas cosas. Es torpe, se ríe como los cerditos, trabaja como zombi en la casa del terror y disfruta como nadie se imagina haciendo el payaso.

También es la historia de Diego, que es alegre, sin pasarse, bueno, sin pasarse, y cariñoso, sin pasarse. A Diego no le gustan las salidas de tono, ni marcar la diferencia o llamar la atención. Diego no conoce a Julieta, todavía...

Los dos son felices, los dos tienen buenas familias y los dos van por la vida pensando que no necesitan el amor para sentirse completos.

Los dos van a darse un batacazo importante, pero si te lo cuento, no te lees el libro, así que... 
¿Qué me dices? ¿Me acompañas en estas páginas?




¿Qué tienen los libros de Cherry Chic que son tan adictivos? Recuerdo cuando cayó en mis manos Mi canción más bonita, su primera novela, que me duró apenas dos días. Lo dejé todo de lado (literalmente) hasta que no descubrí cómo terminaba la historia de Daniela y Oliver. Pues lo mismito me ha pasado con A la de tres: ¡Te quiero! Dos días me volvió a durar, y es que esta historia consiguió atraparme desde el principio. Hoy, día de Reyes, por fin llega a vuestras manos, y espero de corazón que Diego y Julieta os enamoren tanto como a mí ♥

Julieta es una chica de 28 años extrovertida, excéntrica y... vamos, que está como una cabra. Un tanto infantil e impulsiva, apenas tiene filtro, casi siempre suelta la primera burrada que se le pasa por la cabeza. Es muy intensa, y eso ha provocado que su personalidad le venga grande a casi todo el mundo, por eso no tiene apenas amigos y nunca ha tenido ninguna relación seria ni se ha enamorado. A su edad todavía no ha conseguido una estabilidad laboral y sigue trabajando por temporadas como zombi en la casa del terror del parque de atracciones de su ciudad, un trabajo que le gusta y que le hace feliz, pero ella sueña con algo más. Por otro lado tenemos a Diego, un policía de 32 años serio, responsable, entregado y con un gran sentido de la justicia. No le gusta destacar, adora a su familia y no cree en el amor, al menos no en ese tipo de amor intenso en el que saltan chispas. El destino —o la casualidad— hará que nuestros dos protagonistas, más opuestos que la noche y el día, no dejen de encontrarse en todo tipo de situaciones, hasta que descubren que van a tener que verse las caras más de lo que les gustaría... A pesar de que no se soporten, de que vuelen los cuchillos (y los mandos a distancia) cada vez que se ven, van a tener que tolerarse lo mejor que puedan, pero... ¿seguro que en el fondo se odian tanto como parece?

A pesar de ser polos completamente opuestos y de llevarse a matar desde el principio, la historia de Diego y Julieta es de esas que se cuecen a fuego lento, en las que los sentimientos empiezan a aparecer poco a poco, en las que te enamoras de una persona con sus virtudes y sus defectos, de esas cosas que la hacen única y especial. Ninguno de los dos creía en el amor, en ese que lo arroya todo a su paso, pero poco a poco irán abriendo los ojos y el corazón al encontrar el uno en el otro a la persona perfecta para ellos, esa que les permite crecer pero sin renunciar a quienes son.

El elenco de personajes lo completan los secundarios. Julieta todavía vive en la casa familiar con su padre y sus hermanos, Esme, Amelia y Álex. Son cuatrillizos y no podrían ser más diferentes, así que imaginaos el panorama, allí nunca se aburren. Por otro lado tenemos a los amigos de Diego, Nate y Einar, con los que me encariñé sin remedio. En esta ocasión los secundarios se mantienen en un segundo plano, sin llegarse a comer a los protagonistas en ningún momento, pero la autora nos deja miguitas de pan con las que consigue que queramos conocerlos más en el futuro.

A pesar de ser una historia divertida, también hay cabida para los momentos tiernos, y es que una de las cosas que más me ha gustado es el crecimiento que experimenta Julieta a lo largo de la novela sin perder su esencia, lo cual hace que la historia evolucione y sea más de lo que parece al principio. Julieta es uno de esos personajes a los que adoraréis sin remedio si lográis conectar con ella. Personalmente, cuanto más la conocía, más me reía con sus salidas de tiesto y no podía evitar pensar: «Si es que... hay que quererla». No hay más.

Cherry Chic escribió esta novela con la finalidad de hacernos pasar un buen rato, hacernos reír y disfrutar, animarnos cuando tenemos un mal día y hacernos desconectar de la rutina, ¡y vaya si lo ha conseguido! Si con Mi canción más bonita ya supuso toda una sorpresa para mí, con su nueva novela ha confirmado que estaba en lo cierto y que no debo perderle la pista, porque, a pesar de ser diferentes, a pesar de ser una historia menos intensa, A la de tres: ¡Te quiero! mantiene todo eso que hace tan atractivas y adictivas sus historias: unos personajes reales, imperfectos y cercanos a los que cogeréis cariño sin remedio, sentido del humor a raudales, frescura, diálogos ágiles, muchas risas e incluso momentos tiernos. Por mi parte, estoy deseando que la autora publique la segunda entrega de la serie «Sin Mar», porque creo que promete muchísimo. A día de hoy aún no se sabe quiénes serán los protagonistas... ¿Vosotr@s quiénes creéis que serán? ¡Contadme, a ver si acertamos! =P


MIL GRACIAS a Cherry Chic por ofrecerme su novela.
¡No sabes el regalazo que fue para mí! ♥

 
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