Ante todo, corrección.

20:20:00

Los últimos tres días en el trabajo han sido de aúpa. Teníamos hasta hoy para entregar una temporada entera de un documental para un cliente muy importante y básicamente me he pasado horas y horas revisando y corrigiendo subtítulos. Pero ¿por qué tanto pánico? ¿Por qué he tenido que dejarlo todo de lado para revisar lo que ha hecho otra traductora que siempre trabaja increíblemente bien? Pues porque este cliente en concreto pide un alto nivel de calidad, y si cuando sus correctores terminan de revisar el material final encuentran errores, te los marcan, te devuelven el archivo para que hagas los cambios pertinentes y... te penalizan económicamente. Y no son errores del tipo «ha escrito "ves a por un vaso de agua" en lugar de "ve a por un vaso de agua"», sino más bien «el punto va fuera de las comillas». Es algo que nos viene pasando desde hace varios meses, este cliente cada vez se está volviendo más exigente, y a mí me parece estupendo. Qué menos, ¿no? Si le pagas a alguien para que lleve a cabo un determinado trabajo, quieres que esa persona lo haga lo mejor posible. Como decía, es algo que veo día tras día desde hace meses, no hay una semana que mi jefe no me pase informes de errores o me diga que han vuelto a devolvernos tal o cual trabajo, y a mí esto me ha dado mucho en lo que pensar.

A estas alturas ya sabréis que leo bastante y de editoriales variadas. Leo desde siempre, pero la ausencia de corrección que veo a día de hoy me parece algo alarmante. Al principio pensaba que quizá era cosa mía, que como hace años leía mucho menos quizá era menos probable encontrar errores, pero un buen día hablas con alguien que lleva años siendo una lectora voraz y se ha dado cuenta de lo mismo que tú, que así como antes lo normal era encontrar pocos errores a lo largo de toda una novela, ahora en según qué editoriales parece ser que lo normal es encontrar prácticamente un error por página como mínimo (y no, no es una exageración).

Cuál ha sido mi «alivio» al hablar con otras compañeras blogueras y lectoras y ver que no soy la única que se horroriza ante la falta de corrección. Me consta que algunas hasta marcan los errores, e incluso han surgido debates en alguna lectura conjunta porque a lo largo de todo un libro se ha mantenido el verbo «venir» cuando la opción correcta es claramente «ir». Tal es la importancia que le damos. Yo por ejemplo no he podido evitar ir confeccionando mentalmente una lista con las editoriales que cuidan este aspecto y otra con las editoriales que no lo hacen, sé cuáles me sacarán de la historia una y otra vez, y esto al final llega a frenarme a la hora de comprar una novela en papel. Es inevitable darse cuenta de si un trabajo está pulido o no, eso se ve e importa, y la pregunta que no deja de rondarme estos días por la cabeza es que si este cliente del que os hablaba antes le da tanta importancia a la corrección, cosa que para mí es lo normal, ¿por qué no lo hacen muchas editoriales? Me falta muchísimo conocimiento del mundo editorial, solo puedo suponer que influye el aspecto económico y que la publicación en masa de novedades cada mes no ayuda, ya que seguramente no siempre les permitirá dedicarles tantos recursos y tiempo como querrían, así que ahí no me meto.

Sin embargo, esta tarde no he podido evitar sentarme delante del ordenador nada más llegar del trabajo para desahogarme porque este es un tema que me afecta a tiempo completo, y para «reivindicar» que, aunque muchas veces sea un tema del que nos quejemos en petit comité, la corrección es algo que a los lectores nos importa y mucho.

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