MAYO · JUNIO · JULIO

20 de julio de 2017

Tengo la sensación de que hoy me paso por aquí para volver a desaparecer de inmediato. No os creáis, será por un buen motivo, y es que mañana POR FIN cojo vacaciones y, aunque el viaje que empezó a gestarse hace tanto tiempo aún tendrá que esperar unos días, presiento que la semana se me va a pasar volando entre gestiones (¿iré este año por fin a buscar el título universitario?), hacer limpieza, estudiar Croacia de arriba abajo y... Vale, ya dejo de engañarme, no haré la mitad de las cosas, pero nunca pierdo la esperanza.

Estos tres meses han dado mucho de sí. Han sido meses de cambios, de adaptarse a nuevas rutinas, de dar pasitos adelante, pasitos importantes :) Y todas estas cosas que me están haciendo tan feliz y me están colmando de ilusión también me consumen el poco tiempo libre que me queda. Pero bueno, nadie me quita esos ratitos en metro y esos descansos acompañada de un buen café y un libro que me dan la vida y me alejan un poquito de las teclas. Intentar hablaros de todos los libros que he leído últimamente sería como escribir tres entradas kilométricas, así que voy a intentar haceros un resumen con lo mejor de lo mejor. Hay algunos que se han ganado a pulso estar en el blog.

¡Piratas!, de Laura Esparza

Admito que en cuanto vi que Laura Esparza publicaba en mayo nueva novela la puse inmediatamente en mi lista sin ni siquiera leer la sinopsis. Me daba igual de qué tratara; cuando leí A contrarreloj, su primera novela, me quedé con ganas de más, así que estaba segura de que esta la iba a disfrutar y no me defraudó lo más mínimo. Leer ¡Piratas! es como estar viendo una peli de piratas de las de antes, una historia llena de aventuras, con personajes que te conquistan desde el principio (tanto los principales como los secundarios), con sus puntos de humor, con alguna que otra sorpresa que yo personalmente no me esperaba. Es de esas novelas que no puedes parar de leer, y yo me metí tantísimo en la historia que, ya en los primeros capítulos, leyendo en el metro me pasé de parada (la cara de tonta que se me quedó...). Además, debo remarcar que el texto es de una calidad soberbia, y, ¡eh!, es autopublicada ;) Apenas conté errores. Más de una editorial debería tomar nota, porque encontrar novelas tan cuidadas da gusto (cuando debería ser lo normal).



La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

¿Sabéis esa sensación de llevar un par de capítulos de un libro y pensar: «¿Qué he hecho toda mi vida sin leer nunca a este autor/esta autora?». Eso es lo que me pasó con Rosa Montero, me conquistó desde la primera página (¡gracias, Mónica!). Además, esta novela en concreto es interesantísima. Si sois curios@s, seguro que os gustará. En La ridícula idea de no volver a verte, la autora nos habla de la vida de Marie Curie, pero lo que más me ha gustado es que no solo nos habla de la científica —a quien todos más o menos conocemos—, sino también de la mujer. Y es que la idea para escribir esta novela surgió a raíz del diario que escribió Marie cuando falleció su marido Pierre. A través de sus palabras, Rosa Montero reflexiona, mantiene una conversación de tú a tú con el lector en la que toca temas como el dolor, la pérdida y el duelo basándose en su propia experiencia (la autora perdió a su marido tres años antes de escribir esta novela), y la situación de la mujer entonces y ahora. Una vida y una mujer fascinantes e interesantísimas, y una lectura y una autora increíbles. Os puedo asegurar que no es lo único que leeré de Rosa Montero.


Media vida, de Care Santos

Llevo leyendo a Care Santos desde que era muy jovencita, cuando empecé a leer algunas de sus novelas juveniles, que formaban parte de las colecciones que veía en el catálogo del Círculo de Lectores y le pedía a mi madre, y seguí de adulta cuando me llamó la atención Deseo de chocolate y se convirtió en una de mis autoras de cabecera. Reconozco que he tardado más de lo que quisiera en leer Media vida, pero ha sido de esas novelas que han llegado en el momento justo. Esta novela es la historia de cinco mujeres totalmente diferentes que crecieron durante la posguerra y que han llevado vidas absolutamente dispares. No todas tenían la misma mentalidad, y en cierto modo esto, su personalidad y las cartas que les han tocado determinarán su desarrollo y la vida que elegirán (o les tocará) vivir. Para mí fue una lectura absorbente, nada más adentrarme en las historias de Julia, Nina, Olga, Marta y Lola no pude parar de leer hasta llegar a ese reencuentro que se produce 31 años después, hasta descubrir qué ha sido exactamente de todas ellas en ese lapso de tiempo. Me atrevo a recomendárosla si queréis probar con la autora; esta ha sido, sin duda, la novela que más me ha gustado de Care Santos hasta la fecha.



El año sin verano, de Carlos del Amor

Justo ayer terminé esta novela, lo primero que leo de Carlos del Amor, y va directa a recomendaciones. Fue verla en la librería hace unas semanas y comprarla en un impulso. Solo necesité las buenas opiniones de dos personas en las que confío muchísimo (una es Lidia y la otra es M. Ángeles —aquí tenéis la reseña que hizo en su blog, «Una bloguera eventual»—), así que hace un par de días, con ganas de leer algo distinto, me decidí por ella y la empecé sin siquiera leer la sinopsis para refrescar la memoria. Cómo me gusta adentrarme así en una novela, sin saber lo que me voy a encontrar, sin expectativas, sin montarme el argumento en mi cabeza. Solo os diré que me ha encantado la manera en que está escrita, tanto por el estilo como por esa alternancia entre pasado y presente y esa manera de moverse entre realidad y ficción. Tengo la sensación de que al decir algo más os la destriparía.




Cuatro novelas de quince. Lecturas buenas y agradables ha habido bastantes más, pero estas eran las que no quería dejar fuera del blog, así que creo que puedo considerarlo un balance bastante positivo. Espero que en los próximos meses haya muchas como estas. Sin duda tengo una lista prometedora y unas cuantas ya me están esperando en la estantería, así que todo será cuestión de intentar olvidarme un poco de tanta novedad y de seguir ampliando horizontes (challenge accepted!).

Volveremos a leernos muy pronto, I promise. Aunque esté un poco perdida seguiré pasándome por aquí cuando sienta que por fin tengo algo que decir o cuando tenga ganas de contaros cualquier cosa. No os sorprendáis del rumbo que va a tomar el blog a partir de ahora, es solo que poco a poco lo iré haciendo más mío y en él hablaré de cualquier cosa que se me pase por la cabeza o que me apasione. Mientras tanto, os deseo que disfrutéis del verano, de vuestras vacaciones, de las lecturas, del tiempo libre, de la familia, de una cervecita fresquita en una terraza con los amigos manteniendo conversaciones interesantes o absurdas (según se tercie), de la playa o la montaña, de ese viaje que seguro que os habéis ganado. ¡Disfrutad! Que seguiremos leyéndonos a la vuelta.

¡Mua!

¿Y tú por qué te apuntaste a la carrera?

13 de junio de 2017


Hoy, de camino a casa, venía leyendo la última novela de Xavier Bosch, Nosotros dos. Así a grandes rasgos, la historia trata sobre la relación de amistad entre un chico y una chica desde que se conocen en la universidad hasta la edad adulta. La verdad es que la idea me atrajo mucho y, además, me encanta la frase que encabeza la sinopsis: «¿Es posible la amistad entre un hombre y una mujer?». ¡Yo soy firme defensora de que sí, claro que es posible! Y espero que esta sea una de esas historias que lo reflejan, aunque llevo muy poquito como para haberlo descubierto a estas alturas.

Pero mejor voy a lo que me ha hecho abrir el blog para escribir después de... ¿un mes, un mes y medio?, que como siempre me voy por las ramas... Iba yo enfrascada en la lectura, me había teletransportado por completo a la Barcelona del año 1983, cuando de repente descubro —y qué sorpresa más agradable me he llevado— que Kim y Laura, los protagonistas de la novela, estudiaban Traducción e Interpretación en la Universitat Autònoma. [Siempre me hace especial ilusión cuando encuentro referencias a la figura del traductor o del intérprete en una novela porque creo que no es algo muy habitual. Del que más me acuerdo es de Luca, porque #TranslatorsAreSexy, todo el mundo lo sabe, sobre todo cuando nos pasamos dos días seguidos en pijama y vagando del despacho al lavabo, del despacho a la cocina...] Cuando Kim y Laura empiezan a conocerse, se preguntan mutuamente por qué han elegido estudiar esta carrera, a lo que Laura responde:

—Lo tenía claro desde segundo de BUP. Me encantan los idiomas... Inglés, francés, italiano... Tengo facilidad para ellos. ¿Y sabes por qué me matriculé? Pensé que siendo intérprete tienes que conocer forzosamente a gente interesante y seguro que aprendes muchas cosas. También pensé que me gustaría ser periodista. Me encantaría dar voz a quienes no la tienen. Y con la interpretación pasa un poco lo mismo. El lunes hablas de filosofía, el martes de política, el jueves de genética y otro día eres el intérprete de Anthony Minghella cuando le hacen una entrevista en la radio porque estrena una película. Cada día es distinto.

E inevitablemente me he puesto a pensar en lo que me llevó a mí a estudiar Traducción e Interpretación hace ya 10 años, cuando casi me metí en Filología Inglesa porque, como decía Laura, me encantan los idiomas y tengo facilidad para ellos. Todo fue gracias a mi profesora de Francés, con la que había muy buen rollo. Un día me contó que ella tenía las dos licenciaturas, y al hablarme de esta otra posibilidad... lo vi claro. Aquello encajaba más conmigo. Pero lo que me hizo decidirme del todo fue a lo que podría dedicarme en el futuro, y es que yo me apunté a la carrera porque quería traducir novelas. Punto. No quería hacer nada más, lo tenía claro como el agua. Me fascinaba la idea de que, tras pasar un texto por mis manos, otras personas que no hablaban el idioma en el que estaba escrito pudieran disfrutar de la historia que se escondía en él. ¿No os parece una profesión la mar de bonita? ♥♥♥ Al final pasó lo que pasó, que al terminar la carrera me decanté por algo totalmente distinto (¿a cuánt@s os ha pasado esto?), pero si descubrí la traducción audiovisual y me picó el gusanillo fue gracias a aquello que me llevó hasta donde estaba cuatro año atrás. Me parece curioso cómo los libros llegaron a condicionar una decisión tan importante, que al fin y al cabo ellos fueran uno de los motivos por los que actualmente hago lo que hago. A día de hoy no he traducido ninguna novela (y a estas alturas no creo que lo haga), pero sin duda consigo aprender cosas nuevas cada día, y como decía Laura, cada día es distinto, cada día es interesante, y eso me resulta tremendamente enriquecedor.

No puedo más que cerrar esta entrada con un fragmento que leí hace un tiempo y que en muchas frases ha sido y sigue siendo como mirarse al espejo. Es de Antonio Muñoz Molina, y se encuentra en su novela Como la sombra que se va.

Mi hijo me cuenta cosas sobre su trabajo. Traduce subtítulos para documentales y películas de ficción. Hay temporadas en las que le llegan de golpe muchos encargos y tiene que pasarse jornadas enteras de doce o catorce horas delante del ordenador; otras veces se queda sin nada que hacer. Hay agencias que tardan mucho en pagarle o que le regatean. De vez en cuando tiene que subtitular películas para festivales de cine sanguinario y fantástico, y acaba estragado de tantas vísceras, espantado de la clase de público que alimenta monótonamente su imaginación de esas cosas. Pero le gusta descubrir películas minoritarias, de países improbables, que si no fuera por su trabajo no sabría que existen, y sobre todo documentales.

Le pregunto qué desearía en su trabajo, si hay algo que siente que le falta, si necesita dinero. Pienso en el descontento incurable que yo tenía a su edad, la sensación de estar atrapado en una vida y en una ciudad y en un trabajo que no me gustaban, el desasosiego de escribir, la sospecha de estar escribiendo para nadie, el encono de los deseos ocultos. Con una naturalidad que me sorprende, mi hijo me dice que está contento. Quisiera tener algo más de estabilidad pero no se queja. Hace cosas que le gustan y que más o menos le dan para vivir. Toca la guitarra en un grupo de música pop y está empezando a componer algunas canciones. A él y a su novia les gustaría quedarse en Lisboa, pero si ella no encuentra un trabajo tendrán que volver a Granada. Quizás está mucho más dotado para el disfrute tranquilo de la vida de lo que yo estaba cuando tenía sus años. Lo que más le gusta traducir son los documentales: de viajes, de vidas de músicos, de historia del siglo XX, de enfermedades, de descubrimientos científicos, de animales, de selvas, de expediciones polares, de investigaciones submarinas. Vive enclaustrado en cada uno de ellos durante los días que tarda en completar la traducción, y es como si viajara solo, sedentariamente, por mundos sucesivos, en su cuarto de la Alfama, horas y horas delante de la pantalla del portátil. Le aviso de lo que él sin duda ya sabe, el peligro de estos oficios en los que uno pasa demasiado tiempo a solas y aislado de la realidad exterior, en los que no hay horarios ni más disciplina que la que uno pueda imponerse, a no ser la disciplina angustiosa de los plazos que se acercan y el remordimiento de haberlo ido dejando todo para el final.

Ante todo, corrección.

10 de mayo de 2017

Los últimos tres días en el trabajo han sido de aúpa. Teníamos hasta hoy para entregar una temporada entera de un documental para un cliente muy importante y básicamente me he pasado horas y horas revisando y corrigiendo subtítulos. Pero ¿por qué tanto pánico? ¿Por qué he tenido que dejarlo todo de lado para revisar lo que ha hecho otra traductora que siempre trabaja increíblemente bien? Pues porque este cliente en concreto pide un alto nivel de calidad, y si cuando sus correctores terminan de revisar el material final encuentran errores, te los marcan, te devuelven el archivo para que hagas los cambios pertinentes y... te penalizan económicamente. Y no son errores del tipo «ha escrito "ves a por un vaso de agua" en lugar de "ve a por un vaso de agua"», sino más bien «el punto va fuera de las comillas». Es algo que nos viene pasando desde hace varios meses, este cliente cada vez se está volviendo más exigente, y a mí me parece estupendo. Qué menos, ¿no? Si le pagas a alguien para que lleve a cabo un determinado trabajo, quieres que esa persona lo haga lo mejor posible. Como decía, es algo que veo día tras día desde hace meses, no hay una semana que mi jefe no me pase informes de errores o me diga que han vuelto a devolvernos tal o cual trabajo, y a mí esto me ha dado mucho en lo que pensar.

A estas alturas ya sabréis que leo bastante y de editoriales variadas. Leo desde siempre, pero la ausencia de corrección que veo a día de hoy me parece algo alarmante. Al principio pensaba que quizá era cosa mía, que como hace años leía mucho menos quizá era menos probable encontrar errores, pero un buen día hablas con alguien que lleva años siendo una lectora voraz y se ha dado cuenta de lo mismo que tú, que así como antes lo normal era encontrar pocos errores a lo largo de toda una novela, ahora en según qué editoriales parece ser que lo normal es encontrar prácticamente un error por página como mínimo (y no, no es una exageración).

Cuál ha sido mi «alivio» al hablar con otras compañeras blogueras y lectoras y ver que no soy la única que se horroriza ante la falta de corrección. Me consta que algunas hasta marcan los errores, e incluso han surgido debates en alguna lectura conjunta porque a lo largo de todo un libro se ha mantenido el verbo «venir» cuando la opción correcta es claramente «ir». Tal es la importancia que le damos. Yo por ejemplo no he podido evitar ir confeccionando mentalmente una lista con las editoriales que cuidan este aspecto y otra con las editoriales que no lo hacen, sé cuáles me sacarán de la historia una y otra vez, y esto al final llega a frenarme a la hora de comprar una novela en papel. Es inevitable darse cuenta de si un trabajo está pulido o no, eso se ve e importa, y la pregunta que no deja de rondarme estos días por la cabeza es que si este cliente del que os hablaba antes le da tanta importancia a la corrección, cosa que para mí es lo normal, ¿por qué no lo hacen muchas editoriales? Me falta muchísimo conocimiento del mundo editorial, solo puedo suponer que influye el aspecto económico y que la publicación en masa de novedades cada mes no ayuda, ya que seguramente no siempre les permitirá dedicarles tantos recursos y tiempo como querrían, así que ahí no me meto.

Sin embargo, esta tarde no he podido evitar sentarme delante del ordenador nada más llegar del trabajo para desahogarme porque este es un tema que me afecta a tiempo completo, y para «reivindicar» que, aunque muchas veces sea un tema del que nos quejemos en petit comité, la corrección es algo que a los lectores nos importa y mucho.
 
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